Desastres Socio naturales
¿O desastres politicos?
los desastres socio naturales son el resultado de lógicas que colisionan los ecosistemas con las dinámicas de las sociedades y terminan produciendo un riesgo ¿pero cuáles son estas dinámicas?
Los desastres naturales entendidos como predecibles fenómenos propios de la naturaleza como las heladas, la lluvia, huaycos, inundaciones, o de forma impredecible para el hombre como los sismos, erupciones volcánicas, tsunamis etc., siempre han existido de forma cíclica. Estos fenómenos por sí mismos no son de riesgo, ni amenaza, ni de peligro, ni genera situaciones o condiciones de vulnerabilidad, ni se convierten en desastres socio naturales si ocurren en lugares donde no hay presencia humana, ni social. Tampoco ocurre este tipo de desgracias cuando la presencia humana allí presente ha desarrollado a través de la cultura un largo y comunitario conjunto de saberes, prácticas de resistencia y resilencia que le permiten prevenir, mitigar, controlar o usar el mismo fenómeno como garante y factor de sobrevivencia a lo largo de la historia de su territorio.
Entonces los desastres socio naturales son el resultado de lógicas que colisionan los ecosistemas con las dinámicas de las sociedades y terminan produciendo un riesgo ¿pero cuáles son estas dinámicas? Son pues las dinámicas políticas del desarrollo humano y crecimiento económico como paradigmas de la modernidad occidental. Estas tienen como antropocéntrico horizonte por el lado del desarrollo humano, el imaginario de la juventud eterna como mercadotecnia, la negación de la muerte, el acceso a la belleza hegemónica, la intervención y modificación de los cuerpos, la salud y preservación de la vida hasta por medios artificiales como negocio. Y por el lado del antropocéntrico crecimiento económico, el horizonte de amasar riqueza para alcanzar el subjetivo mayor calidad de vida como lujo, educación mercantilizada como brecha social, acceso al privatizado sistema salud, la adquisición de artículos suntuarios como diferenciación social, uso de bienes y servicios tecnológicos como privilegios que en conjunto colisionan con los ecosistemas, el medio ambiente, el clima y el tiempo. Solo en esas dinámicas los desastres naturales se convierten en desastres socio-naturales porque dañan la vida humana, los bienes materiales, la explotación de determinados recursos naturales y el movimiento económico de ese territorio.
El resultado es un antropocéntrico horizonte cultural de ser, saber y hacer de las ciencias y tecnologías occidentales intentado controlar, modificar y explotar los fenómenos naturales para satisfacer una intencionalidad rentista, acumuladora, excluyente y segregacionista. Para asegurar esa intencionalidad rentista se apela a políticas públicas que garanticen las dinámicas de las sociedades minimizando o controlando las dinámicas de los ecosistemas. Políticas públicas que resultan en políticas electoreras al ponerse como remedo, plagio y copia de un ser, saber y hacer científico elitista.
El resultado es un conjunto de intervenciones, manipulaciones, disciplinamientos, segmentaciones y domesticaciones del territorio, las sociedades, el cuerpo, la subjetividad y los imaginarios para garantizar el antropocéntrico horizonte occidental donde las equívocas e intencionales políticas públicas-electoreras son así mismas, el objeto rentista a cuidar y preservar al constituirse como novedoso factor generador de situaciones y condiciones de riesgo, amenaza y vulnerabilidad que resemantiza permanentemente el mismo horizonte, imaginario y subjetividad.
La casuística nos da ejemplos por doquier. En Lima el riesgo de un sismo de alta magnitud es latente, por el cinturón de fuego y la colisión de las placas tectónicas, pero al mismo tiempo el discurso del desarrollo humano y crecimiento económico alienta un crecimiento urbanístico vertical de falsa modernidad, y precario desarrollo. Enormes edificios, sin garantía de servicios de agua desagüe, ni estacionamiento, ni zonas de amortiguamiento que la mercadotecnia se ufana en vender como imaginario de movilidad social ascendente. Al que accede una población migrante de segunda, tercera y cuarta generación con escaso pensamiento crítico, cero mecanismos de fiscalización de las construcciones, escasa trasparencia y nula política preventiva en caso de desastres socio-naturales. Al que se suma la informalidad financiera y el acoso bancario preocupado por obtener la mayor cantidad de endeudamiento e hipotecas con clara intencionalidad rentista y sin ningún interés en garantizar la vida, seguridad, el ordenamiento territorial, las políticas urbanísticas y ni la propiedad del predio.
Al otro lado de Lima esta La Planicie, un conjunto de propietarios de alto nivel adquisitivo, que mantienen unas políticas segregacionistas, excluyentes, restrictivas y restringidas para el acceso y adquisición de propiedades, uso de calles y espacios públicos. Separada del resto de la ciudad, por el “Muro de la Vergüenza”, tranquera y casetas de vigilancia, sus casas tienen una o dos plantas, extensos jardines, piscinas, calles llenas de arboles y una floresta que crea un microclima que propicia su habitabilidad. Durante el fenómeno del Niño, Lima padeció el desabastecimiento de Agua, los noticieros registraban en los conos escenas dramáticas de personas haciendo largas colas para obtener un balde de agua, pero ninguna cámara enfoco las enormes piscinas, ni los enormes reservorios de agua, ni la imperturbable vida que llevaban los propietarios de La Planicie.
De ocurrir un sismo en Lima ¿en qué territorio existe mayor vulnerabilidad y riesgo de que ocurra un desastre socio natural?
Otra vez, durante el fenómeno del Niño en Chosica al este de Lima, los huaycos azotaron a un sin número de viviendas, con pérdidas humanas y materiales de gran magnitud. Allí, sin ningún ordenamiento territorial, una enorme densidad poblacional de migrantes con precarias viviendas se había asentado próxima y en el cauce del rio, con un alcalde con clara intencionalidad electorera había otorgado títulos de propiedad a esos posesionarios. El huayco arraso más abajo con enormes edificios que habían sido construidos sin licencia de construcción o saltándose las normas urbanístico llevándose autos, animales y personas. Incluso los puentes ejecutados por el municipio metropolitano, para satisfacer a esa población, con toda la validación y los criterios técnico-académicos que otorga el sistema universitario, de bajo nivel educativo, se cayó / desplomó.
En ese mismo valle queda Chaclacayo, un balneario de invierno para familias pudientes de Lima, asentadas en la margen derecha del Río Rímac, de poca densidad poblacional tiene casas de una planta con techo a dos aguas, piscinas, amplios jardines, Avenidas arborizadas, enormes parques y zona de amortiguamiento. Dicho balneario no sufrió ningún riesgo, ni desastre socio natural durante los eventos del huayco.
¿Por qué un Huayco que se desplaza por la misma zona geográfica azota con mayor vulnerabilidad a unos territorios y no a otros?
Entonces el desastre no es la aparición de un fenómeno natural, dejemos a un lado el eufemismo de “desastre socio natural” que diluye responsabilidades, sino por un lado los operadores políticos, tomadores de decisión con nombres y apellidos responsables de las desgracias y las políticas públicas. Y por el otro, es un desastre el topus y locus del horizonte antropocéntrico, extractivista y sus políticas públicas del desarrollo humano y el crecimiento económico, que favorece la contaminación de ríos y cabeceras de cuencas, depreda y degrada territorios y ecosistemas, promueve el cambio climático, contamina el ambiente, fomenta el monocultivo, intensifica la agro producción, la ganadería industrial, la tala ilegal de árboles. Al que suma la burocracia, el narcotráfico y la corrupción coludidos para entregar a la actividad extractivista el mar, territorios de montaña y bosques amazónicos ocupados por los pueblos originarios.
Las primeras migraciones del campo a la ciudad se dio para huir de las políticas del gamonalismo, las haciendas, la concentración de la propiedad de la tierra y la masiva situación y condición de siervos, luego huirían de la violencia política y la represión del estado. En la actualidad, al mismo tiempo que se habla del PBI, crecimiento de las exportaciones, aumento de divisas, recaudación tributaria, desarrollo sostenible, sustentable y saludable. Mediante un conjunto de mecanismos y dispositivos, se implantan políticas de concentración de la tierra, de pauperización, vulnerabilidad, empobrecimiento, división de las comunidades, presión a los líderes comunales, calumnias, acoso, expulsándolos de sus territorios ancestrales, despojándolos de sus capacidades de resistencia, resilencia y sus dimensiones simbólicas e identitarias y violentando su sentido y horizonte cultural.
Los casos abundan, desde la Comunidad de San Mateo de Huanchor, a Comunidad Campesina de Vicco en el lago Junin, Máxima Acuña en una lucha política por la tenencia y propiedad de la tierra contra Yanacocha, la comunidad Cuninico de Loreto, afectada por derrames del Oleoducto Norperuano de Petroperu en el Rio Marañon, las comunidades campesinas de la cuenca alta del río Rímac amenazadas por 24 depósitos de relaves y los pasivos (muy activos) ambientales, los 2.117.209 hectáreas de bosques que la Amazonía peruana perdió los últimos 5 años, la contaminación de la cuenca Llallimayo (Melgar- Puno) por la minería ocasionando un desastre político ecológico y cultural en más dos mil familias. Así abunda la causitica en Espinar (Cusco), Cerro de Pasco (Pasco), Hualgayoc (Cajamarca), La Oroya (Junín), San Mateo (Lima), las Cuatro Cuencas de Corrientes, Tigre, Marañón y Pastaza (Loreto); Tumbes y Callao.
Sin la contención de sus lazos familiares y comunitarios, salen en busca del centralismo y su modernidad inalcanzable, los imaginarios de progreso y de un conjunto de subjetividades que terminan siendo una metodología hegemónica de alienación, enajenación y dominación. Empujados a vivir en situación y condición de hacinamiento, pauperizadas y vulnerables en las ciudades, laboran en actividades de servicio, manufactura, informalidad, sin planificación territorial, ni urbanístico, expuestos a las políticas asistencialistas y electoreras. El emporio de Gamarra puesta como modelo de emprendimiento y exitismo neoliberal, esconde en las partes altas de sus galerías migrantes que laboran en situación y condición de auto explotación, precariedad, informalidad, respirando partículas de derivados del petróleo, expuestos a enfermedades laborales, en angostos espacios y accesos enrejados, mientras producen imitaciones, plagios y replicas de prendas para un mercado ávido de falsa modernidad. En sus calles la política municipal destina un presupuesto de camiones, camionetas y sueldo a decenas de serenos para quitar sus productos a los ambulantes, micro negocios y pequeños emprendimientos. Dos cuadras más abajo, los serenos desaparecen del decorado urbano y serán ladrones y drogadictos quienes se encargan de arranchar celulares, carteras y la vida a los migrantes
La intencional inacción preventiva, la corrupción, el tráfico de la pobreza, el desprecio a la vida de determinados grupos sociales, nos deja claro que el desastre no es natural sino político. Donde las políticas asistencialistas, además de aplastar su autoestima, solo sirven para afirmar un inalcanzable imaginario del desarrollismo y el crecimiento económico. Igualmente se puede hablar de una “interculturalidad light” funcional, puesta al servicio del liberalismo, para legitimar sus paradigmas, que no trasciende en absoluto los límites del multiculturalismo. Pues recoge los saberes ancestrales, pero no reconoce como valido su horizonte de sentido, estableciendo un dialogo paternalista, que termina absorbiendo y deslegitimando un horizonte de sentido y su praxis distinta. Así reafirma su carácter hegemónico, imperturbable, entonces el desastre es su mirada vertical, colonial y de menosprecio, a los saberes comunitarios, ancestrales y culturales; su pleitesía a la ciencia, tecnología y su mercado de ilusiones, su incapacidad para dialogar transversal e interdisciplinariamente con la memoria colectiva de los pueblos originarios y su praxis territorial.
Reafirmamos que existen lógicas que colisionan ecosistemas con las dinámicas de las sociedades, lo que nos lleva a preguntarnos si ¿existen otras lógicas, que no colisionan los ecosistemas, que tienen otro horizonte cultural y que no es antropocéntrico? El saber ancestral y la praxis comunitaria nos da varias respuestas positivas y son los pueblos originarios asentados en diversos puntos del planeta quienes tiene saberes de los cuales aprender, en donde el ciclo natural de vida y muerte tienen otro sentido y horizonte cultural. Nuevamente la casuística nos da algunos ejemplos.
La helada es un fenómeno natural que se da en territorios arriba de los 3.500 a 5 mil metros sobre el nivel del mar, en el que la temperatura baja hasta 14 grados bajo cero. Últimamente este fenómeno aparece en los medios de comunicación para facilitar el morbo de la gente, validar políticas asistencialistas, asentar el imaginario de territorio hostil, no habitable y facilitar la ocupación territorial de la minería. Pero lo que no dicen, es que son territorios ocupados desde épocas milenarias y que existen un conjunto de saberes que permiten la existencia de las comunidades asentadas en esos lugares. Llegando a usar la helada como un factor beneficioso para asegurar la alimentación y sobre vivencia. Sin helada no podrían hacerse, en el altiplano, el chuño que es una papa deshidratada que puede almacenarse por varios meses, el charqui o el Ispi seco que es un pescado pequeño. En otras zonas alto andinas se hace la papa seca, la chochoca, etc. Y la lluvia no es sinónimo de huayco sino de prosperidad porque es beneficiosa para el cultivo.
Igualmente tienen tecnología para cuidar la siembra en época de helada, echar ceniza alrededor de la siembra para generar un micro clima favorable. Sembrar en hondonadas o depresiones geofísicas. Hacer cercos líticos para proteger el cultivo. Esparcir agua para provocar una actividad de vapor caliente. Sembrar árboles alrededor de las chacras. Hacer fogatas en la periferia del cultivo. Sembrar plantas de distinto tamaño para que protejan a las más pequeñas. Reventar pirotécnicos para que las ondas sonoras diluyan las nubes cargadas de granizo. También tienen saberes que les permiten predecir o diagnosticar el tiempo a través del reflejo del agua, el color de las nubes, la movilidad de determinadas especies. Obviamente esta agricultura se hace en parcelaciones pequeñas para el auto consumo, pues no entran en la lógica del desarrollismo ni del crecimiento económico que busca una agricultura intensiva. Incluso el vestido (ropa de lana, la lana de alpaca, el chullo) es beneficioso para el abrigo en época de helada. Así como una alimentación rica en proteínas y micro nutrientes.
El peligro en la actualidad es el antropocéntrico horizonte de sentido, su locus y topus, las políticas públicas que lo legitima y resemantiza reiteradamente generando el calentamiento global que adelanta o retrasa el ciclo natural del tiempo con características extremas, el cambio climático causado por la introducción de elementos que contaminan y alteran los ecosistemas. Entonces descubrimos que el riesgo es un constructo social y la vulnerabilidad un constructo político. Que existen Desastres Naturales que no causan ningún daño. Desastres socios naturales que afectan a grupos humanos que no han desarrollado prácticas comunitarias de resistencia y resilencia para prevenir, mitigar, controlar o usar el mismo fenómeno como garante y factor de sobrevivencia. Y desastres Político que instrumentalizan determinados fenómenos para mantener a determinadas poblaciones en situación y condición de riesgo, al mismo tiempo que implementan asistencialismo, corrupción, populismo y enunciaciones políticas que se contradicen con la realidad.